Y en resumidas cuentas, después de horas escuchando a otros con el mismo conflicto, concluyo que no estoy loca, no estoy loca si llega el punto en el cual saberte por medio de letras en el teléfono me insatisface, me aburre, me molesta y si me descuido, hasta me deprime.
Sustituyes tu presencia con saludos, buenos deseos, palabras dulces, reflexiones, pequeñas quejas y en los días sobresalientes, con besos excedidos en emoticones.
Porque el trabajo es mucho, porque siempre hay citas, porque la tarea es nueva, porque el proyecto exige, porque mi jefe lo pidió ayer. Porque así es más sencillo, más cómodo, menos incluyente, de lazos laxos, y sobre todo, porque sin presencia no se nota la ausencia.
O tal vez, es porque siempre estoy disponible, porque cuando me buscas respondo, y cómo no hacerlo, si nos unen dos vías de mensajes, dos redes sociales, tres e-mails, chateos por teléfono, por internet y si da tiempo, una llamada.
Detrás de mí los ecos: -Es que así está el mundo, así nos toca, el reloj no da.
Y yo digo, que si bien puedo seguir cada milímetro de tu día como sólo hoy puede hacerse, la realidad es, nos guste o no, que tú y yo estámos juntos justo cuando tocas mi mano en el comedor.
Lo demás, lo demás existe porque existimos.