OQUEDAD

Mi viejo ha cambiado.

Sus brazos ya no aprietan y su cabello se  ha escondido.

El sabor evade su boca mientras los muebles le fastidian para levantarse.

Danzas sencillas se tiñen como hazañas vigorosas.

Sueño, insomnio y fatiga, pasean arrítmicos por su sangre.

 

Cuando el dolor duerme, ciño su mano trepidante.

Contamos  los días, los pasos, los pardos y los rosados.

Todo simple, al momento, sin pretensión de ser recuerdo que resistirá la noche.

 

Mi viejo ya no es el mismo.

Repite las frases, los movimientos, tira las cosas, le asaltan miedos.

Tan enojado, tan imprudente.

Demanda vicios, pierde placeres.

 

Lo añoro.

Cuando la cama le presa y se agita con desesperación.

Cuando deja de hablar, de sonreír. Cuando olvida quien soy.

5 comentarios en “OQUEDAD

  1. Los años van dejando el espacio, el hueco, la oquedad, pero son los mismos años quienes se encargan de sustituír el faltar físico, por la invaluable experiencia adquirida. Esta etapa de la vida se transcurre con esa experiencia y aprendizaje, aquí es como correr una maratón, los primeros 10 km se corren con la condición física, el resto con el corazón…

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  2. Una etapa en la vida para la la cual los seres humanos no estamos preparados, ni para vivirla y lo que es por ni para convivirla

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  3. Bellísima y tremenda nostalgia.
    El ser querido envejece, y yo sigo necesitándolo tanto !!
    Tan enojado, tan imprudente (yo por no poder entenderle), hermosas letras poetiza !!

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